Insalubridad en el virreinato de México

 Visión de un Salubrista

Un salubrista es un profesional que se encarga

de mejorar la salud de la población. Para ello,

se vale de diferentes disciplinas y actores.


Con este artículo inicio un nuevo ciclo como escribiente. He dejado atrás mi etapa como columnista en tres periódicos editados en la capital del estado de Oaxaca: Diario Despertar de Oaxaca, Urbano de Oaxaca y Noticias, Voz e Imagen de Oaxaca, en los que me desarrollé durante 16 años (2008 al 2024); ahora lo hago con la libertad de hacerlo en mi propia página web; acomodándome a las circunstancias a las que me obliga mi situación de salud; espero que les agrade a mis estimados lectores internautas. Trataré de poner mi mayor esfuerzo para seguir teniendo ese acercamiento con ustedes lo más que se pueda. Empiezo.

Para que se produzca el estado de salud en los humanos es preciso recordar la existencia de una triada: el huésped, el agente y el ambiente, el equilibrio entre los tres resulta en lo que llamamos salud; cuando se rompe ese estatus ocurre inevitablemente la enfermedad; de acuerdo al título de este texto destaca la palabra insalubridad, la cual, según el diccionario de la Real Academia Española se refiere a lo insano, malsano, nocivo, perjudicial, enfermizo, infecto, pernicioso y mefítico y para correlacionarlo con la señalada triada está dirigido ese término, al estado insalubre del ambiente. Y es que hasta que los hombres de ciencia demostraron que el mal saneamiento en los conglomerados humanos era condición obligada para la reproducción de múltiples microorganismos, agentes de una gran variedad de enfermedades, fue lo que obligó a tomar decisiones tendientes a modificar para siempre el modo de convivencia de nuestra especie; y tales acontecimientos ocurrieron a partir de la invención del microscopio por el holandés Anton van Leeuwenhoek, conocido como el “padre de la microbiología y precursor de la biología experimental” (Sugiero la lectura del fascinante libro “Cazadores de microbios” de Paul de Kruif) hecho histórico del siglo XVI, a partir de entones paulatinamente fueron incrementándose los descubrimientos médicos con personajes célebres como Lázaro Spallanzani, Louis Pasteur, Robert Koch y muchos más. En el tema que nos ocupa guarda un sitio especial John Snow, “padre de la epidemiología moderna”, quien en Londres desarrolló su célebre investigación con la que descubrió la fuente de contaminación del agua, la que llevaba al bacilo del Cólera, causante de millones de defunciones en el mundo; ello obligó a las autoridades a la aplicación de las primeras medidas de saneamiento básico en esa ciudad de Inglaterra. En ese siglo de Snow, el XIX, en Europa como en América prevalecían deprimentes condiciones de saneamiento en las ciudades, ejemplo de ello fue la de México, llamada “la ciudad de los palacios”, como lo menciona la escritora mexicana Sara Sefchovich en su libro “La suerte de la consorte”, con datos del famoso escritor, cronista y abogado mexicano Don Artemio de Valle Arizpe, quien con diáfana claridad narra cómo se observaba la capital del país en esos tiempos, caracterizada por la inmundicia, la basura, la fauna nociva (ratas, moscas y cucarachas, principalmente), los malos olores ocasionados por la manera en que se vertían a las calles los llamados “servicios”, heces y orina, desde los balcones y viviendas; las calles no disponían de banquetas, no había alumbrado público, ni drenaje, ni agua entubada; lo que era la Plaza de Armas, el ahora conocido como Zócalo, eta un verdadero muladar e incluso el interior del palacio virreinal pululaba de hediondez en un ir y venir de los habitantes para adquirir determinados bienes y consumir alimentos.

Es cierto que algunos de los últimos virreyes venidos de España se preocuparon por el mejoramiento de la ciudad pues iniciaron con medidas de empedrado y barrido de las calles, introducción de alumbrado público, etcétera, pero las pésimas condiciones del ambiente se mantuvieron casi a lo largo de los 300 años del dominio español. A lo largo de ese periodo ocurrieron epidemias que de alguna manera diezmaron a la población y fueron causa de que la esperanza de vida no fuera mayor a 30 años de edad. Hasta muy avanzado el siglo XIX en el México independiente, es que hubo una mejoría significativa durante el gobierno del presidente Porfirio Díaz.







No hay comentarios.:

Con tecnología de Blogger.